Moreno Comp@s
intrépido
de suaves manos en el tornamesa
produciendo sonidos aletargados
colectando las miradas de los hombres
presentes
en dirección a su cara
semiafeitada de días
y de ojos oscuros
morena sensación de su piel en mis oídos
rozando su barbilla,
hasta la unión con los pliegues de su polera alternativa
descifrando los compases de su respiración
de pie en medio de la sala
solitario, a veces perdido
especialmente inalcanzable
comprendiéndome en la distancia
dibujados en el plano del bar
desunidos como inseparables
me detengo
es su última inhalación
acompasada
antes de partir
tragedia
de no poderlo seguir.
The Game: romper la piñata
Georgi le dijo a su Mam, un día cualquiera, que había encontrado un nuevo amigo para jugar. Ella, entendiendo que se trataba de un juego de niños, omitió preguntar detalles, autorizando tácitamente estos encuentros.
Con Sady, el nuevo amigo, habían inventado un juego: pillar el escondite del otro. Ciertamente se trataba de un juego milenario, pero, ellos, simples niños, no tenían razón para saberlo. Al contrario, bastante trabajo tenían sólo con inventar los escondites.
Los días transcurrieron y los nuevos amigos, ahora inseparables, crecieron divirtiéndose a morir. Los juegos eran ganados alternadamente. Cuando se terminaron los escondites conocidos, Georgi propuso hacer nuevos y más escondites, esta vez en casa de Sady. Sin estar muy seguro al respecto, éste accedió, pues, había sido el último perdedor y le convenía repuntar.
Además decidieron elevar las dificultades, invitando más niños y ampliando el juego al vecindario. Aquéllos no tardaron en sumarse, creándose dos bandos. El bando de Sady tuvo menos adeptos. Sin entender a cabalidad sus razones, hizo un rápido análisis que lo convenció del beneficio: menos niños hoy, mayor ganancia mañana.
Georgi, enfocado también en la victoria, cuadruplicó el número de su rival, gracias a su excesiva labia y carisma: la victoria no será personal, sino de todos quiénes crean en ella, y en mí, obviamente. Palabras que el viento bien transporta. A esto sumó como estrategia de competencia “la duda razonable”. Un niño, la había aprendido con su padre, y consistía en debilitar al contendor sembrando la desconfianza razonable entre sus miembros. De esta manera, el padre en cuestión, había logrado culpar a su cónyuge por las infidelidades que él había cometido. Rápidamente había conseguido el respaldo de su familia para desterrar a la desdichada cónyuge. Esta era la mejor prueba del éxito de la estrategia.
Así, a Sady se le trató de autoritario, egoísta, inhumano, entre otras cosas. Sady, respondió con explícito silencio, para demostrar la ambición desmedida que su contendor tenía sobre la victoria.
En este punto, ambos equipos estaban ya enemistados radicalmente. La única forma de retomar la calma descansaba en el match point del juego. Ambos equipos tenían sus honorabilidades comprometidas. Por primera vez tomaban conciencia que la victoria podía involucrar mayores divisas, de forma que modifican las reglas para conseguirlas. Se responsabilizan mutuamente de actos de deslealtad. Pero las reglas del justo juego eran vulneradas por uno y por otro.
Sobre este escenario Georgi se impuso, destrozando todos los escondites de su contrincante. O gran parte de éstos. Contribuyó a esta victoria contar con un equipo numeroso y conseguir que, dentro del equipo de Sady, muchos lo traicionaran.
Con todo, hoy, gran parte de los que apoyaron al equipo ganador, no entienden qué ganaron. No tuvieron diplomas ni golosinas. Al contrario, perdieron amigos y alimentaron incontables enemigos. Los vencidos, tampoco conciben qué podrían haber ganado.
Así, los juegos se repiten una, dos, tres, tantas veces como lo permita la imaginación de estos inocentes y dulces niños. Porque, potencialmente, todo niño quiere jugar con una piñata llena de caramelos.
Esto explica por qué, en los colegios, las historietas de superhéroes que conquistan el mundo son actualmente prohibidas: incitan abiertamente al terrorismo.-