Autoayuda
(2003)
Abatida por la ruptura decidió romper también con su compendio de amargura. decisiones radicales requería. el mensaje era la última fórmula leída en esos libros de autoayuda: "ser una mujer plena". el feng shui no le resultó suficiente para alinear sus lloriqueos ante el mínimo asomo de felicidad ajena. las amigas: otro desastre. le escupían juicios como puchos de cigarro sin culpa. el libro entonces le aquietaba: "tus males de hoy son producto de fuerzas que intervinieron en tu pasado…de las que no tienes conciencia…libera tu alma de ellas mi fiel lectora!". reconoció así un motivo que combatir. un libro no la engañaría. ¿no?. el resto de la tarde se dedicó a hornear unos küchenes de manzana, para a la mañana siguiente, encaminarse temprano en el micro que la llevaría a la hacienda de reposo de las madres eurásicas del Oiritram. sintió orgullo de las decisiones que emprendía. todo cobraba nuevo sentido.
llegó pasado el mediodía, encontrando a las religionarias –las doce—en su claustro de verano. acabada la hora de retiro, amablemente le invitaron a compartir la mesa ofrendada, servida con cuidada glotonería. de sus recuerdos de internado no habían indicios para imaginar tal abundancia. pero quedó dichosa: sus tartas no serían despreciadas.
cuidó de servirles una jugosa porción. parecían menos autoritarias. todas mayores. de sus profesoras, ninguna. algunas muertas, otras redestinadas. fue su único remordimiento, al tiempo que percibía que se aprontaba el cierre de jornada. prefirió despedirse, dirigiéndose hacia la habitación de iniciadas. el motivo de su viaje se cumplía. lo demás sería obra del destino.
Al alba sólo ella estaba despierta. enterraba el legado de sumisión con el que había sido educada. las dosis de arsénico en las manzanas resultaron infalibles.
Abatida por la ruptura decidió romper también con su compendio de amargura. decisiones radicales requería. el mensaje era la última fórmula leída en esos libros de autoayuda: "ser una mujer plena". el feng shui no le resultó suficiente para alinear sus lloriqueos ante el mínimo asomo de felicidad ajena. las amigas: otro desastre. le escupían juicios como puchos de cigarro sin culpa. el libro entonces le aquietaba: "tus males de hoy son producto de fuerzas que intervinieron en tu pasado…de las que no tienes conciencia…libera tu alma de ellas mi fiel lectora!". reconoció así un motivo que combatir. un libro no la engañaría. ¿no?. el resto de la tarde se dedicó a hornear unos küchenes de manzana, para a la mañana siguiente, encaminarse temprano en el micro que la llevaría a la hacienda de reposo de las madres eurásicas del Oiritram. sintió orgullo de las decisiones que emprendía. todo cobraba nuevo sentido.
llegó pasado el mediodía, encontrando a las religionarias –las doce—en su claustro de verano. acabada la hora de retiro, amablemente le invitaron a compartir la mesa ofrendada, servida con cuidada glotonería. de sus recuerdos de internado no habían indicios para imaginar tal abundancia. pero quedó dichosa: sus tartas no serían despreciadas.
cuidó de servirles una jugosa porción. parecían menos autoritarias. todas mayores. de sus profesoras, ninguna. algunas muertas, otras redestinadas. fue su único remordimiento, al tiempo que percibía que se aprontaba el cierre de jornada. prefirió despedirse, dirigiéndose hacia la habitación de iniciadas. el motivo de su viaje se cumplía. lo demás sería obra del destino.
Al alba sólo ella estaba despierta. enterraba el legado de sumisión con el que había sido educada. las dosis de arsénico en las manzanas resultaron infalibles.

1 Comments:
¡Qué ganas tenía de leerte!, me gusta tu forma de escribir pq tratas al lector como un ser inteligente, y pq transmites algo que siempre se intuye de tí y que se queda en ocasiones velado. Muy curioso eso de la autoayuda...
Publicar un comentario en la entrada
<< Home