18 diciembre 2006

FINALMENTE 30 AÑOS

FINALMENTE 30 AÑOS
UN TERCIO DE MI VIDA ACONTECIÓ
ENTIERRO MI NIÑEZ, MI INFANCIA, MI ADOLESCENCIA
NACE LA INCIERTA ADULTEZ

PERO ¿QUE CAMBIA?

QUEDO IGUALMENTE VULNERABLE
INCLUSO MÁS
SOLO CON SUEÑOS PROTECTORES
ANHELANTES DE UNA VIDA CON SENTIDO

QUEDO CON LA NOSTALGIA DEL PASADO
EN MI VIENTRE COMPUNGIDO
EN MIS OJOS
COMO UNA ANTORCHA
PARA NO PERDERME
EN LA SOLEDAD
EN LA TRISTEZA
ENTRE LA MULTIPLICIDAD DE DEBERES
ENTRE LAS AMPULOSAS OPCIONES

QUEDO ABRAZADO DE LOS AFECTOS DE QUIENES ME CUIDAN
DESEOSO DE PERMANCER
AGRADECIDO DE SU AFABLE DEDICACIÓN
AVERGONZADO DE MIS DESCUIDOS, DISTANCIAS Y ERRORES

QUEDO ALEGRE DE SABERME VIVO, AUN CUANDO VIVIR ES UN MISTERIO
TRISTE DE ACERCARME AL MOMENTO EN QUE OTROS PARTIRÁN

QUEDO CON EL TEMOR DE PERDER MOTIVACIÓN
DE PERDER IDEALISMO
DE PERDER JUVENTUD

QUEDO INEXORABLEMENTE MÁS VIEJO
CON ARRUGAS EN MIS RECUERDOS
CON LA FELICIDAD EN LOGROS QUE INSPIRAN MI ORGULLO
CON LA DEMOLEDORA TRISTEZA DE LAS PÉRDIDAS

QUEDO CON SUEÑO, CON HAMBRE, CON SED
CON DOLOR ABDOMINAL
CON MANCHAS EN LA PIEL
CON MI SEXO Y SU NECESIDAD

QUEDO CON UNA CELEBRACIÓN EFÍMERA
DE OTRO CUMPLEAÑOS

QUEDO PENSANDO PREGUNTAS SIN RESPUESTAS
¿POR QUÉ MI TRISTEZA?
¿POR QUÉ MI TEMOR?
¿POR QUÉ AHORA?
¿POR QUÉ NO?

QUEDO FINALMENTE CON 30 AÑOS
CON UN TERCIO DE LA VIDA AVANZADO
CON TRES NUEVOS DESEOS
Y CON LA ESPERANZA DE QUE ÉSTOS SE CUMPLIRÁN.

23 agosto 2006

Moreno Comp@s

intrépido
de suaves manos en el tornamesa
produciendo sonidos aletargados
colectando las miradas de los hombres
presentes
en dirección a su cara
semiafeitada de días
y de ojos oscuros
morena sensación de su piel en mis oídos
rozando su barbilla,
hasta la unión con los pliegues de su polera alternativa
descifrando los compases de su respiración
de pie en medio de la sala
solitario, a veces perdido
especialmente inalcanzable
comprendiéndome en la distancia
dibujados en el plano del bar
desunidos como inseparables
me detengo
es su última inhalación
acompasada
antes de partir
tragedia
de no poderlo seguir.

22 agosto 2006

The Game: romper la piñata

Georgi le dijo a su Mam, un día cualquiera, que había encontrado un nuevo amigo para jugar. Ella, entendiendo que se trataba de un juego de niños, omitió preguntar detalles, autorizando tácitamente estos encuentros.

Con Sady, el nuevo amigo, habían inventado un juego: pillar el escondite del otro. Ciertamente se trataba de un juego milenario, pero, ellos, simples niños, no tenían razón para saberlo. Al contrario, bastante trabajo tenían sólo con inventar los escondites.

Los días transcurrieron y los nuevos amigos, ahora inseparables, crecieron divirtiéndose a morir. Los juegos eran ganados alternadamente. Cuando se terminaron los escondites conocidos, Georgi propuso hacer nuevos y más escondites, esta vez en casa de Sady. Sin estar muy seguro al respecto, éste accedió, pues, había sido el último perdedor y le convenía repuntar.

Además decidieron elevar las dificultades, invitando más niños y ampliando el juego al vecindario. Aquéllos no tardaron en sumarse, creándose dos bandos. El bando de Sady tuvo menos adeptos. Sin entender a cabalidad sus razones, hizo un rápido análisis que lo convenció del beneficio: menos niños hoy, mayor ganancia mañana.

Georgi, enfocado también en la victoria, cuadruplicó el número de su rival, gracias a su excesiva labia y carisma: la victoria no será personal, sino de todos quiénes crean en ella, y en mí, obviamente. Palabras que el viento bien transporta. A esto sumó como estrategia de competencia “la duda razonable”. Un niño, la había aprendido con su padre, y consistía en debilitar al contendor sembrando la desconfianza razonable entre sus miembros. De esta manera, el padre en cuestión, había logrado culpar a su cónyuge por las infidelidades que él había cometido. Rápidamente había conseguido el respaldo de su familia para desterrar a la desdichada cónyuge. Esta era la mejor prueba del éxito de la estrategia.

Así, a Sady se le trató de autoritario, egoísta, inhumano, entre otras cosas. Sady, respondió con explícito silencio, para demostrar la ambición desmedida que su contendor tenía sobre la victoria.

En este punto, ambos equipos estaban ya enemistados radicalmente. La única forma de retomar la calma descansaba en el match point del juego. Ambos equipos tenían sus honorabilidades comprometidas. Por primera vez tomaban conciencia que la victoria podía involucrar mayores divisas, de forma que modifican las reglas para conseguirlas. Se responsabilizan mutuamente de actos de deslealtad. Pero las reglas del justo juego eran vulneradas por uno y por otro.

Sobre este escenario Georgi se impuso, destrozando todos los escondites de su contrincante. O gran parte de éstos. Contribuyó a esta victoria contar con un equipo numeroso y conseguir que, dentro del equipo de Sady, muchos lo traicionaran.

Con todo, hoy, gran parte de los que apoyaron al equipo ganador, no entienden qué ganaron. No tuvieron diplomas ni golosinas. Al contrario, perdieron amigos y alimentaron incontables enemigos. Los vencidos, tampoco conciben qué podrían haber ganado.

Así, los juegos se repiten una, dos, tres, tantas veces como lo permita la imaginación de estos inocentes y dulces niños. Porque, potencialmente, todo niño quiere jugar con una piñata llena de caramelos.
Esto explica por qué, en los colegios, las historietas de superhéroes que conquistan el mundo son actualmente prohibidas: incitan abiertamente al terrorismo.-

16 junio 2006

La palabra

Una semana terrorífica
Dos semanas terroríficas
Tres semanas terroríficas
Y el verbo se multiplica
Y los niños aprenden a leer
la felicidad de las palabras
Mientras los adultos observan
perezosos
resignados
incrédulos
o ensimismados
que la realidad es un engaño
descrito con palabras apacibles
en correcta ortografía.

08 mayo 2006

Incontinencia emocional (reflexión)

En mi viaje hacia el continente adulto.

Paris, enero 3, 2004

“Uno escribe sobre sus conflictos
o para expiar los tormentos.
Aun no conozco escritor que
Narre sobre lo que ya tiene resuelto”

Me acabo de percatar de mi necesidad de recobrar el sentido en “las formas”.
El “contenido”, que tanto me ha interesado antes, hoy, se diluye en una playa no concurrida.

En esta lucha en busca de las formas radicará mi determinación. Tanto me he alejado que, hoy, sólo me reconozco en personajes de novelas. Secundarios han sido. Jaime –que extraña coincidencia- en “La tregua” de Benedetti, me ha revivido el orgullo de tener identidad. Pedro, en “Albergue de mujeres tristes” de Marcela Serrano, me ha puesto en contacto con la construcción del ser al que aspiramos, incluidas todas nuestras irredimibles contradicciones.

¿Dónde vivo: en una novela que se cose hoja por hoja con todas las historias escritas?
¿Vivo abstraído cada vez más porque no puedo responder a mis tormentos?
Que ganas de recobrarme! Sí, recobrarme en el que fui. ¿pero quién?

La historia de los hombres se ha escrito desde el origen de nuestra angustia. Porque, sino, qué otra cosa puede ser la vida. Con todo son historias que no acaban de escribirse. Se redescubren cada día en calendario literario. Tejen nuestros mismos sinsentidos en forma ordenada. Descifrables a los ojos del otro.

Así, ya no resulta lejano reconocerse en las impaciencias, que las han sido de otros.
En las miserias, que las han padecido ya otros.

Al respecto, tengo una nueva teoría: vivimos en órbita. Tal cual sistema solar, tal cual se ordena la vida en estaciones. No creo en la predestinación, aún así, poseemos órbitas predibujadas. Me entusiasma pensar el complejo de cruzamientos, sin más razón que el azar. ¿Pero no nos construimos además en el reflejo de los otros? Es alucinante pensar cuántos diferentes seres podemos ser nosotros mismos!

Vivir la incontinencia emocional. ¿Qué significa? Que me arrojo al mundo. Sin mesura. Con la esperanza de hacerme menos fisuras que si lo enfrentare en fricción. Me arrojo al mundo, como un hombre se tira al vacío de un edificio de altura. Porque sé que mis seguridades no radican en mi suelo, sino en mi incontinencia.

Aún así, temo. Pero temo de formas disfrazadas. Temo la desdicha. Sin embargo, mi razón pone en funcionamiento la resignación. Y mi oculto temor se asume, ahora, invencible. Pero que gran error mi buen hermano. ¿De qué nos sirve el coraje si hemos perdido el sentimiento de nuestras luchas? Las victorias fraguadas en optimismo no alcanzan a condensar nuestros dolores, si, justamente, el mayor de todos es no tener con quién compartirlas.

Vicios. Estamos a un paso. Rituales que nos acercan a sentir nuestra pureza corroída en la debilidad de nuestra voluntad. Eso, en rigor sería un vicio. Pero también es un manjar de placer, que obnubila toda razón. Ahora bien, tengo un marcado vicio con el sexo. Que me entrampa en no practicarlo. ¡¿Cómo la mente castiga al cuerpo por no estar a su altura?! Es un vicio porque deconstruye. No desea caminar junto a la emoción incontenida. Dice: no camines. Porque fehacientemente sabe que posee más experticia que el propio sentimiento. Y, éste, romántico deshonrado, hace pacto con la razón para llenar de culpabilidad al ejercicio de nuestro sexo. Vicio justamente porque descompone la trilogía necesaria del equilibrio de todo cuerpo: si toda vida es una órbita, todo cuerpo tiene una medida exacta dentro de aquélla, que permite comprender las simetrías que se van replicando. De allí la escuchada consigna: sexo y compromiso no siempre van de la mano. Y preferimos la inmediatez del primero ante la letanía del segundo, la que nos vuelve castos. Horrores de horrores. Como conviven nuestras culpas!

Si hoy me pregunto ¿qué espero del mañana?, y antes de una respuesta sobreviniera el sueño, por seguro a mí despertar tendría nuevas preguntas: ¿a cuál mañana me refiero? ¿al que acabo de perder? ¿o al que perderé mañana cuando vuelva a preguntarme esto?

Qué fisura ha pasado y que me sucede ahora que le robo tiempo a la noche, como si temiera ir a dormir! Pero en efecto, he dejado de ir a dormir.

06 mayo 2006

LA CAÍDA DEL MAGO

(alegoría a la pintura "Fall of the Rebel Angels" de Pieter Bruegel "The Elder" 1525-69)
(2003)

nada es casual
no lo es el egoísmo,
ni la magia perturbada y contaminada
por el contenido de nuestros cuerpos vasijas

no es casual que las cabezas del mundo
caminen sin zapatos con llagas en los ojos
porque sus pies se han rebelado
a la gloria de nuestros logros profanos

no es casual que hoy me detenga
ante la caída del mago de nuestra esperanza
y sienta que no ha caído aún bastante
para poder intervenir
para querer intervenir

para que al borde del cuadro de nuestra existencia
la ascensión de todos cobre algún sentido
y la caída se vuelva a repetir.



De(gusto)

(2003)

almohada de pesadumbre
como
entre sábanas apetentes de olor mortuorio
como
fuera, a dos pasos la luz
camino del pasillo de mi condena
como
escalera de culpas
peldaños abajo
sobre mi alfombra de hambre
como la cena caliente de mi arrepentimiento
.

Extractos de viaje

(2003)

en este viaje conocí una persona que sin querer ser importante, terminó siéndolo.
es su búsqueda, es su perspectiva del mundo, quizás.
es veinte años mayor, pero nunca se es más viejo de cómo sentimos.
tiene 45 años, y podría ser mi protegido ¿extrañas sensaciones, no?
mi buque flota, ni estibado ni a la deriva. ¿recalaré para no partir más?
pero recalar no es suficiente.
podría comprar un billete para dos.
pero la boletería no será abierta. al menos, por esta temporada.

HUMANIDAD

(abril 25, 2002)

Reconstruimos el anhelo, la esperanza de vivir mejor cada día
Reconstruimos la certeza de una existencia con sentido

Aunque parezca mentira!

Intentamos dibujar la sonrisa que ha de perdurar
Intentamos iluminarla con la emoción contenida de nuestra inocencia,
sin embargo corrompida

Aunque resulte incomprensible!

Clamamos al cielo para que nos impregne de su dignidad
Pedimos que nuestros pies se posen sobre la tierra contenedora,
y que su clamor no sea engullido por el hambre

Aunque nuestro dolor tenga físico remedio!

Nos inyectamos de sabiduría de supermercado
Nos protegemos inútilmente de nuestra ceguera
Observamos en el cercano un ajeno
Y en el ajeno, la consistencia de la nada

Aunque creamos en la conciencia colectiva!

Cuando lo colectivo se transforma en el florero de nuestros intereses
en el rincón sombrío del legado agusanado
respiramos profundo
una tristeza perfumada que no huele

Y la humanidad es un vecino molesto
a quién se quiere silenciar

Aunque estos latidos sean nuestros últimos gemidos.

El regreso del hijo pródigo (meditaciones)

(2003)
Impresiones de un agnóstico a propósito del libro "EL REGRESO DEL HIJO PRÓDIGO: Meditaciones ante un cuadro de Rembrandt" de Henri J.M.Nouwen.


Del capítulo: Invitación a la alegría. La Celebración es parte del reino de Dios.
Dios se alegra, no porque se hayan solucionado los problemas del mundo, no porque se hayan acabado la tristeza y el sufrimiento humano, o porque miles de personas se hayan convertido y estén ahora dándole gracias por su bondad. No. Dios se alegra porque uno de sus hijos que se había perdido ha sido encontrado.
Es la alegría de Dios, no la alegría que ofrece el mundo. Es la alegría de ver al hijo caminar hacia casa en medio de toda destrucción,de la desolación y la angustia del mundo. Es una alegría oculta.

De esto debo aprender.
Exige mucha disciplina, aún cuando haya mucha oscuridad que dé miedo

Elegir la vida aún cuando las fuerzas de la muerte estén a la vista
Y elegir la verdad aun cuando se esté rodeado de mentiras
La recompensa de elegir la alegría: es la propia alegría

Del capítulo: convertirse en el Padre.
Como el Padre, tenemos que atrevernos a portar la responsabilidad de ser una persona espiritualmente adulta. Atrevernos a confiar en que la verdadera alegría y plenitud sólo pueden venir de dar la bienvenida a casa a aquéllos que están heridos, amándoles con un amor que no pida ni espera cosa a cambio.
En esa paternidad espiritual existe un terrible vacío. No hay poder, ni éxito, ni fama, ni satsfacción fácil. Pero ese mismo vacío es el lugar de la verdadera libertad. Es el lugar dónde no hay cosa alguna qué perder, dónde el amor no tiene ligaduras y dónde puede encontrarse la verdadera fuerza espiritual.
Allí, en ese estado libre de todo juicio, puedo engendrar una confianza liberadora.

Compendio: de un capítulo personal
Una vez, cuando visitaba a un amigo que se estaba muriendo, experimenté este vacío en forma inmediata. No sentí deseo alguno de hacerle preguntas sobre su pasado, o de hacer especulacionessobre su futuro. Simplemente estábamos juntos, sin miedo, sin ningún sentimiento de culpabilidado de vergüenza, sin preocupaciones.
En ese vacío, podría sentirse el amor incondicional de Dios. Y podríamos decir lo que dijo el viejo Simeón cuando cogió al niño en brazos: Ahora, Señor, según tu promesa puedes dejar que tu siervo muera en paz (Lc 2,29)
Allí, en medio de ese vacío terrible, había una confianza plena, una paz completa, una alegría total. La muerte no era una enemiga. Había vencido el Amor.


Al tiempo de su funeral, recordé que ambos éramos agnósticos....

Gabriela Mistral

abril 8, 2002

Ayer 7 de abril se conmeró el natalicio de Gabriela Mistral (1889)
Hoy, un grupo de lesbianas le rindió un homenaje poético
Las voces alzadas de su posible lesbianismo
la han desconcentrado, seguro, de sus deberes eternos
Para agradecer, quizás, el renovado frescor que exudarán sus palabras con estas emociones.
Agobiada de su encasillamiento en el rol materno y asexuado que le impusieron sus biógrafos, todos hombres, que ironía.
¿Creerán estos hombres que pueden disponer de su exitencia?
Que poco conocen a Gabriela!

04 mayo 2006

Autoayuda

(2003)

Abatida por la ruptura decidió romper también con su compendio de amargura. decisiones radicales requería. el mensaje era la última fórmula leída en esos libros de autoayuda: "ser una mujer plena". el feng shui no le resultó suficiente para alinear sus lloriqueos ante el mínimo asomo de felicidad ajena. las amigas: otro desastre. le escupían juicios como puchos de cigarro sin culpa. el libro entonces le aquietaba: "tus males de hoy son producto de fuerzas que intervinieron en tu pasado…de las que no tienes conciencia…libera tu alma de ellas mi fiel lectora!". reconoció así un motivo que combatir. un libro no la engañaría. ¿no?. el resto de la tarde se dedicó a hornear unos küchenes de manzana, para a la mañana siguiente, encaminarse temprano en el micro que la llevaría a la hacienda de reposo de las madres eurásicas del Oiritram. sintió orgullo de las decisiones que emprendía. todo cobraba nuevo sentido.
llegó pasado el mediodía, encontrando a las religionarias –las doce—en su claustro de verano. acabada la hora de retiro, amablemente le invitaron a compartir la mesa ofrendada, servida con cuidada glotonería. de sus recuerdos de internado no habían indicios para imaginar tal abundancia. pero quedó dichosa: sus tartas no serían despreciadas.
cuidó de servirles una jugosa porción. parecían menos autoritarias. todas mayores. de sus profesoras, ninguna. algunas muertas, otras redestinadas. fue su único remordimiento, al tiempo que percibía que se aprontaba el cierre de jornada. prefirió despedirse, dirigiéndose hacia la habitación de iniciadas. el motivo de su viaje se cumplía. lo demás sería obra del destino.
Al alba sólo ella estaba despierta. enterraba el legado de sumisión con el que había sido educada. las dosis de arsénico en las manzanas resultaron infalibles.

re-editando

en la misión de reditarme, como forma de redibujar mi estampa, p.o.s.t.e.o.

(textos de 2003)


Tengo la cabeza caliente. jaqueca. dolor de ojos. sed. aliento seco. hoy desayuné amargura, disuelta en impotencia, y sólo endulzada con rabia. soy portadora. de piojos. liendres cerebrales. mi criadero de sueños. epifanio futuro. rascándome los pensamientos sangro. pero rápido coagulo. Hasta cuándo, quién sabe. Aunque espero intuirlo. Antes, un gesto reticente habría bastado. indoloro y elegante. pero no soy así. No fui así. hasta las retetas me involucro. Tetas para comer, que no dan leche. Y no sé decir que no. y me subo. y me bajo. ese ha sido mi tránsito.
Tengo la testa ardiente de desear tanto la forma de matar los piojos de mi debilidad. y no mentir todos los días: cariño, dónde están los niños. He traído el pan.


..... .... .... .....

Escribí bajo cien lunas y cien soles. y para ellos no fue importante.
el tiempo unificó mi oficio en expansión. y para ellos seguía siendo precoz.
fue cuando las pulgas comenzaron a visitarme de cuando en vez, supongo que para que no las olvidase. y para ellos fue reiteración.
decidí antologizar mi mente inquieta. y para ellos fue soberbia.
obtuve grandes reconocimientos, de humildad inesperada. fue su mayor desdicha.
intenté nuevamente acercarme ante estos señores de escribir medieval, pero atacaron mi pecho con afilado menosprecio. defendieron su círculo con letras de sangre. la historia fue categórica: pasmado movimiento de alfabeto complaciente.
la historia interpretó partidariamente (una vez más).
fui tozudo, pero en querer pertenecerles, sin resultados.
Hoy que habito en mi lecho, se me cruzan. me saludan, pero no es de extrañar. están obligados. duermo en la alameda del acceso principal.



.... ... ... ...

Caritativos esfínteres, libérenme de la malversación emocional de saber que estoy muerto.
burocratizar el efectivo laxante que ha de vaciar de mis tripas tu presencia, terminará peforando mi flora contaminada. convirtiéndola en un hedor de tristezas. mientras, fuera, sequía encuentro para limpiar los destrozos. trozos de carne roída por puercos hambrientos de pujante obscenidad. no puedo con todo. apenas pude contigo. y en mi autopsia te demando que me tapes. que al menos las moscas codiciantes de nuestra infelicidad no coman ni se posen en mi putrefacción. estarías en riesgo de enfermarte! y no es algo que para ti quisiera. Sino un letárgico deceso. Por favor, yace conmigo, a la brevedad. para tenerte. y esta vez, quizás, no me termines matando.

TRAS AMANDA PICKERT





(agosto 2001. reeditado mayo 2006)

¿Habéis pensado alguna vez una idea hasta su último término, sin tropezaros con alguna contradicción?
IBSEN




Zapatos de cuero color sangre. Cartera gris de tul.
- No quiero volver a tenerte de esta manera. Ya debes estar bien, ha pasado mucho tiempo- había terminado esa noche por sentenciar él.
Era comprensible. Habían transcurrido casi seis meses desde la cirugía. La operación fue su decisión, nunca dudó al respecto, y aunque él tampoco se lo pidió, ella logró intuir su silente satisfacción. Temerosa, se vistió con su coraje varonil para atravesar la indescriptible imagen de dolor de la amputación, pero jamás pensó que su cicatrización tardaría tantas semanas. Con todo, a la embestida quirúrgica le sobrevenía una mayor, la emocional. Así, el terror compartió su lecho cada vez que recordaba el reintegro a sus deberes de alcoba. El miedo de no saber cómo reaccionaría su cuerpo, de no saber si finalmente complacería a su pareja, el miedo de sentirse una mujer. Y él, ¿la esperaría incólume en estas circunstancias? o ¿la cambiaría por otra?. La infidelidad pasajera no le preocupaba, tan acostumbrada a vivirla. Aún así, tomó providencias que confirmaron su vivaz inteligencia. La estrategia: manipular su placer.
En la sentencia de esa noche recordó su atractivo tono de voz, exhalante de hombría y refinación. Sus palabras cuidadosamente pronunciadas eran el reflejo de una cuidada educación y de un trato social que lo exigía.
Sangró, gritó, apretó sus manos y dientes, aguantando implacablemente. Cerró sus ojos, y se reencontró con él. Acariciándolo con la mirada, arqueó sus sensibles labios pálidos y le sonrió con esforzada dulzura.
De él reparaba en el tinte dominante de sus palabras, que infundían protección, en contraste con la absoluta indefensión anterior, cuando era trofeo del huachón que la prostituía. Hoy, deseaba sudar plenitud y no compasión. Y en su orgasmo, ensoñó el vestido que estrenaría el sábado en la cena anual de la empresa. Una nueva inocencia rota, concluyó.
Ya sola, rió para sí, repasando su belleza recostada en la cama antes compartida, la cama de los dos, y colmó sus pulmones con la fragancia humana encerrada en el cuarto. Sintió un aroma, pero no quería reconocerlo. Sin embargo la bañaba con su hedor. Él la abandonaría.

Zapatos dorados. Aretes de brillantes (brillantes falsos).
- Estuviste impecable esta noche. -Lo sé- no se demoró en decir ella. -¿Te peguntaron algo?. - en qué ratico mi vida, si ni respirar me deeejas. - ¿y cuándo te pusiste tus polvos?... -No es necesario que te burles de mí…, tu sabes que eres el único que me soplas papi…-inquirió ella- además, tuve la impresión de que todos estaban envidiosos, tu sabes..., soy artificialmente perfecta...! – Claro, si tú lo dices – interrumpió sarcásticamente él. Pero tenía razón, estuvo estupenda y lo estaba aún.
Cuando él la conoció sólo la miró buscando saciar su sexo. Lo segundo que vio fue la fogosidad de unos ojos miel, sobre los cuales posó el brillo de sus masculinas intenciones.
La cena no era importante. Él acostumbraba concurrir sin su compañía a estos actos anuales, así tenía excusa para retirarse al momento del baile. Prefería no llevarla para evitar entrar en detalles a su respecto, y disminuir la posibilidad de contradicciones con lo dicho en alguna oportunidad anterior. A sus 52 años, estaba bastante acostumbrado a enfrentar estoicamente estos sutiles emplazamientos de los contertulios, haciendo gala de su mejor lenguaje, diciendo mucho, pero en el fondo, nada. Igualmente las respuestas se acordarían en el veredicto de los baños: -está sólo hace mucho tiempo. dicen que su primera mujer se suicidó, no fue un ataque, sino que fue producto de sus engaños. no aguantó encontrarlo con una puta….. no fue una puta, sino un maricón. ¿en serio?....
-Esta noche observé cómo nos veíamos durante la cena, te diste cuenta? .... –mirada inquisidora de ella - … creo que la estamos bien ¿no?, solo eso debe importar, ¿no?. Ella escuchaba, sin comprender a cabalidad a que se debían esas frases sueltas, teñidas de inseguridad, cuando él dedicaba más tiempo y cautela a la elaboración de sus comentarios. Se sorprendió de éste pensamiento y le alegró descubrir una faceta nueva en él –ella era así, amplificaba las pequeñas verdades, obligada a ocultar las otras, las innombrables-. Le guiñó y él descubrió en la sonroja de sus mejillas ásperas que la quería. Era toda una mujer, de una fortaleza de carácter imponente y de una fragilidad interior carcomida por las durezas de la vida, por el roce social, por la lucha constante de querer vivir la ilusión de una vida que trascendiera sus tacos. Pero se detuvo en sus aretes, y recordó que los brillantes eran falsos.

Zapatos y Cartera de Leopardo (o de Pitón)
No tenías pa’ qué haberla traído. Ya es mucho pa’ mí con aguantar los comentarios de las indecentes de la cuadra. Tú sabes que está mal, sé que lo sabes, pero no puedes desprenderte de ése masculino orgullo. Eres como tu padre. Sé que m’estoy metiendo en tus cosas, y lo hago contra mis principios… sabes que nunca me metí contigo. Pero no puedo ni imaginar que arriesgues todo lo que has construido, ¿¡y por qué!? ¿por un arrebato?, porque no es altruismo… no de ti…... ¡¡¡Feliz Cumpleaños!!! gritaron a coro, despertándolo de sus temores. Era la expectante mirada de su madre la que encontró cuando traspasaron la puerta de la mansarda familiar. Ahora reía y gozaba en esplendor su ancianidad. La encontró más vieja, el cáncer la tenía doblegada en casa. Bastó el beso arrugado entre los cortos brazos que palmotearon con la fortaleza del abrigo materno para que quedara tranquilo, respirara profundo, y reintrodujera su niñez en el hombre que era. Tenía que presentar a su compañera, ella, la que hacía las veces de su mujer. Las presentaciones fueron rápidas y dieron paso a las conversaciones. No coincidían con la recreación mental que había escenificado en sus pensamientos. Observar el opuesto contraste que brindaba la realidad simplemente lo aturdía. Ella conversando, congeniando, en una complicidad desconcertante –o lo más cercano a ello-. Pensó que algo tramaba su madre, porque si bien, hasta el momento no le había dicho nada de lo que esperó escuchar, no podía sino deberse a que estuviera tanteando la presa, en busca de la debilidad que permitiera el certero aguijón. Entonces, tendría que esperar. De su compañera estaba tranquilo, se comportaba como una actriz que podría disfrazar la más oscura perversión en una candidez desbordante, pero sus manos, cualquiera fuera la forma en que las dispusiere, la delataban. No obstante, se veía feliz, y sus motivos se traslucían convincentes.
-¿Hace cuanto que se conocen? –peguntó quien podría ser su suegra.
- En agosto cumplimos ….¿cuanto mi amor?, espetó ella. Sin saber cómo explicar que ya cuentan tres años y cinco meses.
- Que importa madre, ya nos conocemos bastante bien.
Y con imperceptible tristeza preguntó ¿qué planes tienen, porque casarse no pueden, o sí? –sin asomo de intencionalidad, sino con honesto interés.
-Una sonrisa dibujó los ya dibujados labios de ella-. No lo hemos conversado, pero queremos poner en regla todos los papeles primero. Jaime... sí, el abogado –contestó- piensa que demoraran a lo sumo un año más. Lo más lento ha sido el trámite ante el juzgado, ¡porque son unos insensibles! y de ése depende pensar en el matrimonio. Pero apuro no tenemos....ya tengo razones de sobra para estar contenta, ¿no cree?– tomándose del talle en una descarada y sensual expresión. Su orgullo de sentirse mujer era más fuerte. No sintió enjuiciamiento sino aprobación. Percibió entonces que aquella señora, que no se desprendía del bastón como sosteniendo con él a su familia, podría ser también su madre. Pero tuvo miedo y se sintió desplomar. Era una sensación de temor que cristalizó cuando bajó del vehículo en dirección a dicha casa, alumbrada por la alegría de unas pequeñas macetas de colores que hacían de jardín, que retumbaron con el eco de sus pisadas. Un miedo que se cura en solitario. Del que su pareja no puede protegerla. Ni comparado con el miedo social de la aceptación, con el cual desde joven aprendió a convivir.
- ¿Cree en él?. No quiero que me responda, solo que lo piense. Es mi hijo, esosta’ claaro, y nadie’n m’impedirá quererlo, pero mi niña, no olvide que u’sté ahora es mujer, no?
Logró descubrirlo: era el miedo de tener que enfrentar la verdad.

Paraguas y sombrillas (para la lluvia y para el sol, según la estación)
La vista que tenía desde la terraza la impulsó mantenerse en el departamento que compartían, a la ruptura de ambos. Más la necesidad de pararse al borde de los ventanales y las macetas de aquellos débiles helechos, y respirar profundamente, desde las alturas, como si el aire que aspirara desde allí borrara en una exhalación estos años vividos. Las luces a lo lejos eran calmantes y marcaron sus largas horas dedicadas a la contemplación de las nostalgias. Con todo, quedarse con el inmueble fue más de lo que esperó, cuando sólo creyó contar con su cuerpo vacuo para sobrevivir. Hoy, ese nicho –como alguna vez lo llamó- había dado paso a confortables y femeninos ambientes -femeninos sobretodo-, de colores en un degradé de intensidades que se diluían como un prisma de su propia vida.
Él optó por otro hombre, aunque ya no travestido. Y ella conocía muy bien este tránsito. Los caminos eran inversos. Pero agradecía que los cariños perduraran. Así, esta tarde lo recibiría a cenar, junto a su actual –por no augurar definitiva- pareja, a quién acogía con resignación. Con todo, hoy necesitaba comunicarles algo.
La separación de ellos estuvo de antemano marcada, no por fecha exacta, sino por la inseguridad y cobardía de él. Ella lo sabía, era parte de un trato no acordado en la formalidad de una verborrea. Siendo más vieja en esto, no podía desconocer el valor de las pulsiones sexuales. Los plazos finalmente se cumplían, por más que ella hizo intento de saltárselos. No fue culpa de él, como tampoco de ella. Ella se había convertido en su dama de compañía para guardar las apariencias, las mismas que conminaron la vida de su anterior mujer, en aquél suicidio que le abrió las puertas a la libertad, y que la tuvo a ella, como siguiente antesala durante largos seis años. Sólo con una diferencia, ella había sido hombre y sabía lo que significaba querer a otro hombre. Entonces, no podían reprocharse, que él decidiera finalmente por lo que siempre tuvo reprimido, aunque la decisión tuviera el nombre del mismo abogado que le había conseguido todos los trámites y que una vez más le llenaba de felicidad –que ironía le parecía esto-. Tampoco era reprochable su humano deseo de formar un hogar, donde no exigieran justificaciones ni si ocultaran verdades. Así, no hubo reproches. Él y su masculina pareja. Ella y su antigua identidad.
- Mañana, antes de que firme los papeles, lo conoceré… –emoción contenida-….sé que tiene seis meses y que a su madre se lo quitaron por alcohólica…. Pero está sanito… al menos eso me dijeron.
Él no pudo evitar recordar a su difunta madre, y ella, desear en el fondo de su corazón, que este hijo que acordaron criar juntos no fuera gay.